El término Felicidad nos puede parecer en ocasiones ambiguo, y en realidad hay algo de eso. No obstante, existe el deseo permanente de buscar la felicidad donde creemos que puede estar. Proveernos de cosas materiales por ejemplo, es el deseo de muchas personas. Existe pues la necesidad de poseer un gran coche, de disfrutar de unas buenas vacaciones, de hacer todo tipo de actividades de moda o de comprar cosas caras.
Hasta aquí todo está bien y es aceptable, no cabe duda. El ser humano por naturaleza ha perseguido el imperecedero propósito de prosperidad, lo cual nos lleva a un estado de alegre júbilo cuando se consigue.
Sin embargo, la felicidad ambigua, es cuando no tenemos clara conciencia de lo que realmente nos hace felices. Resulta excitante por ejemplo, cuando nos damos cuenta, que un día cualquiera, sin pensarlo ni desearlo, sentimos la felicidad plena a través de un momento muy cotidiano, como el abrazo de un hijo, escuchar una bonita canción o leer un buen libro.
Esos momentos íntimos se hacen entrañables. Es un tiempo de verdadera felicidad, aunque en la mayoría de ocasiones no la percibamos como tal.
Existen muchos de esos momentos en nuestra vida cotidiana, tan solo se ha de estar atento cuando ese instante de alegría llega a nosotros. Muchas veces, las cosas más insignificantes pueden alegrarnos enormemente.
Si buscamos el verdadero significado de felicidad, me atrevería a decir que solo depende de uno mismo, de la voluntad de encontrar dicha felicidad y de tener plena conciencia cuando nos llega.
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