martes, 24 de septiembre de 2013

Supervivencia y desapego


El mundo en los países más desarrollados  se ha vuelto cada vez más exigente, sobre todo sucede en las grandes urbes y sus alrededores.
Los tiempos y los ritmos nos dirigen en un vaivén de subidas y bajadas. El horario que empleamos nos sirve para no desviarnos ni relajarnos de todas nuestras obligaciones y compromisos.
Para sobrevivir a este frenesí, es importante que encontremos un equilibrio donde cuerpo y mente caminen juntos, sin que uno de ellos sufra algún tipo de desajuste vital.
De hecho, muchas de las enfermedades que se conocen como “raras” derivan del estrés, el cual lleva a un deterioro del sistema inmunológico. Es importante entonces, reforzarnos para combatir todos los elementos externos que nos consumen poco a poco.




Uno de los caminos que tenemos para gozar de salud, refiriéndonos al término amplio de la palabra, es vivir con cierto desapego de las cosas que sin darnos cuenta, erosionan nuestro estado vital. Así pues, mantener la calma en situaciones difíciles nos ayuda mucho más que intentar controlar todo cuanto tenemos a nuestro alrededor, por lo que el miedo, la ira, los celos o el enojo, deberían permanecer lejos de cualquier pensamiento duradero dejando lugar a la calma y paz interior. El desapego nos ayuda a entrar en ese estado donde mente y cuerpo conviven sin el riesgo de que ninguno de ellos juegue un papel mayor que el otro. La armonía de encontrar ese equilibrio nos puede llevar a un verdadero estado de felicidad y a una sensación de libertad difícil de explicar pero que cuando se consigue, emerge de ella nuestra fuerza interior,  capaz de sobreponerse a la adversidad y al mayor de los obstáculos.

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