jueves, 3 de octubre de 2013

Cuando un hijo pide ayuda (parte 1)



¿Qué sucede cuando un hijo nos pide ayuda o cuando no lo hace aunque si lo necesite? ¿Los padres sabemos darnos cuenta de esos momentos?

En la vida, el papel de padres es sin duda el más difícil de todos. No hay nada escrito que nos guíe en la dirección correcta, que nos diga que estamos haciendo bien o mal salvo que nos demos cuenta nosotros mismos como adultos.

La relación entre padres e hijos dependerá de varios factores como la educación basada en los principios, valores y creencias del entorno familiar, del entorno escolar, de las relaciones además de todas las influencias que los hijos reciben en su día a día.

Más allá de la buena intención que ponemos en dicha educación, también deberíamos plantearnos el por qué a pesar de nuestros esfuerzos, los hijos no atienden nuestros buenos consejos. Quizás se deba  a que como padres, ponemos mucha atención en lo que creemos que es correcto para su felicidad porque les hablamos desde nuestra propia experiencia, o  porque no queremos que cometan los mismos errores que nosotros.


Sin embargo, en ocasiones descuidamos un poco las formas a la hora de hacer entender lo que es mejor. Pongamos el ejemplo de un niño que tiene dificultades para hacer los deberes en la escuela o sencillamente, no quiere hacerlos. Es probable que ante esta situación los padres reaccionemos de diferentes maneras que iremos viendo más adelante. Sin embargo, hoy le dedicaremos un tiempo a reflexionar, cuando decidimos que gritar es una buena  solución para que nos hagan caso o que nos escuchen.

Ante los gritos y el enfado, el hijo puede reaccionar de formas distintas; Es posible que la riña le provoque un estado de rebeldía ofreciendo a su vez una serie de malas contestaciones, o que simplemente acepte con resignación los gritos y consejos de sus padres, aunque no por ello entienda su finalidad.
Pero tras esas reacciones, se esconde la verdadera razón que muchas veces escapa a los ojos de los padres. A veces, los hijos aun guardando absoluto silencio, nos están pidiendo ayuda posiblemente porque no saben cómo expresar cuál es el problema y en ocasiones por el miedo a nuestra reacción.

Cada individuo tenemos nuestra propia personalidad,  nos movemos por  emociones y  vemos la vida de forma distinta a los demás. Descubrir con qué ojos perciben  nuestros hijos su realidad es un verdadero privilegio que deberíamos disfrutar.
La percepción que tienen de lo real, de lo fantasioso, del propio desarrollo, de cómo viven en su entorno, de qué les condiciona les abre las puertas a mundo totalmente desconocido, ofreciéndonos un espacio para compartirlo con ellos y sobre todo para aceptarles tal y como son: UN SER ÚNICO

Llegados a este punto, ¿de qué manera respondemos como padres? En el caso planteado, podríamos pensar lo siguiente:
“si espero que mi hijo cumpla con sus obligaciones, ¿qué hago, grito? O mejor me armo de paciencia y estoy dispuesto a cederle el tiempo que necesite. En realidad no hay excusas si esperamos que ellos hagan lo mismo con nosotros. Los padres somos el ejemplo y la mayor influencia desde que nacen. El resultado que esperamos dependerá de la complicidad, la confianza y sobre todo de la atención que los padres pongamos en cada reclamo.

Aunque sea una tarea difícil en ocasiones, la paciencia, la compresión y el saber escuchar nos da la oportunidad de comprender su mundo, su forma de ver la vida y nos acerca más a sus corazones…



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